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El pontificado de Josef Ratzinger, bajo el nombre de benedicto XVI, habrá sido una verdadera Misa Brevis , pero con “credo”, puesto que  ha sido un regreso, no de cristo, sino del más puro fundamentalismo católico que otros llaman tradicionalismo o, simplemente tradición.  Vuelta al espíritu preconciliar, obligada reconciliación con los Lefebvristas repudiados por su predecesor con quien fraternizó durante sus años de cardenal, reafirmación de la más pura dogmática católica, como no podía ser de otra manera por parte de un hombre que se había dedicado a este cometido antes de ser papa, porque fue Prefecto de la congregación para la doctrina de la fe.

Josef Ratzinger ha sido, es y será,  un hombre doctrinario incapaz de ver alguna luz o aufkärung, como lo predicaba Kant, más allá de lo que dicen los textos de los padres de la iglesia. Es posible que Ratzinger fuera elejido tras una época de “relâchement” conciliar, un relajamiento doctrinal que supuso una auténtica relajación para los que tradicionalmente han sido perseguidos, nemospreciados, discriminados por la iglesia de pedro:  las mujeres, los gays, y las demás religiones.

Como colaborador y guardian de la verdad (católica),  emprendió una verdadera cruzada contra el relativismo filosófico y el liberalismo, al estilo Syllabus de Pio X, es decir, anti-liberal, anti-moderno y anti-progresista: los grandes males de todos los tiempos, para cualquier reaccionario. Su cruzada fue muy bien percibida en España, a través de los tres viajes que realizó a nuestro país, a pesar de su avanzada edad, para restablecer  “su verdad” sobre el significado del matrimonio, desvirtuado por un tal señor Zapatero, con quien tendría una relación digna del binomio amigo-enemigo, a pesar de que éste último no hiciera nada para poner fin a la confesionalidad del Estado español.

Verdadero soldado “a la derecha de cristo”, Josef Ratzinger se ha despedido, agotado, no sólo por una cruzada que no tiene sentido en un mundo libre,  sino sobre todo por los escándalos que probablemente algún día acaben destruyendo la propia iglesia, los que giran en torno a los escabrosos casos de pedofilia, que han dejado de ser pocos. Lo peor es que se despide dando la espalda a la verdad, la objetiva sobre estos hechos abominables, una despedida a la francesa, muy “lâche” , o sea cobarde, por parte de un hombre que presumía ser, como dice su escudo, un “cooperator veritatis”!