PROTESTA ATRÁPALO TODO

         El pasado lunes, en Madrid, tuvo lugar la Mesa Redonda sobre las elecciones catalanas organizada por la Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED, a la que asistí y participé como ponente, invitado por el director del departamento de Ciencia Política y de la Administración de dicha universidad, el catedrático D. Ramón Cotarelo, que ha tomado la iniciativa este año, seguramente la única en mucho tiempo, de seguir el calendario electoral nacional e internacional, y dar la oportunidad al público de conocer la opinión de expertos universitarios a través de estas mesas de análisis electoral.

Moderado el debate por su organizador, destacó el análisis minucioso de la profesora Irene Delagado sobre los resultados de estas elecciones autonómicas anticipadas, distinguiendo la tímida victoria de CIU (Convergencia i unió) de aquella  “mayoría excepcional” deseada por el líder de CIU, la federación de los partidos nacionalistas catalanes: Convergència democrática, neoliberal, por un lado, y Unió democràtica, democristiano, por otro lado. Coincidiendo con dicha lectura, y una vez recordados los antecedentes de estos comicios que se hallan, a mi entender, en la incompleta respuesta a la cuestión catalana, la cual resurgió con fuerza con motivo de la  Diada del 11S, día de la caía de Barcelona en manos de las tropas borbónicas en 1714, recordé también el alcance geográfico del nacionalismo catalán que está presente fuera de nuestras fronteras, como en los Pirineos Orientales franceses aunque se trata obviamente de un nacionalismo que no supone ningún conflicto político y, por tanto, amigo del nacionalismo francés: en cierta medida “supletorio” del segundo en la medida en que son evidentes las manifestaciones culturales de la identidad catalana.  Me centré en la derrota del PSC-PSOE ( abreviado como PSC), considerada ésta una variable explicable o dependiente,  gracias a la innegable volatilidad del voto socialista catalán hacia otros partidos de izquierda. Hay volatilidad o desplazamiento del voto porque  el PSC pierde en todas partes mientras que otros partidos de izquierda, como ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) ganan más de lo habitual en un acontecer electoral autonómico que se inicia en 1980 y está marcado por la constante victoria de CIU en número de votos. La derrota del PSC rebasa, por tanto, la crisis de la socialdemocracia española: en Cataluña el PSC pierde más voto nacionalista catalán que socialdemócrata, a tenor de los resultados que presentan, por ejemplo, la mayoría de los municipios del área metropolitana de Barcelona. A pesar de los buenos resultados conseguidos, una vez más, en la periferia de Barcelona, es decir, en las conocidas ciudades industriales donde se halla tradicionalmente el granero de voto socialista (desde L’Hospitalet de Llobregat a Badalona),  el PSC que estaba habituado a ser la segunda fuerza política de la capital, cae en la cuarta posición en la ciudad donde precisamente el PSOE celebró su primer congreso en 1889. Por consiguiente, el PSC pierde parte de su electorado catalanista, el que se ha distanciado del partido por su alternativa federal que ellos precisamente no consideran “sensata”, un electorado que probablemente ha encontrado refugio en ERC: el  barcelonés, entonces, sería antes catalanista que socialista. En conclusión, todo ello evidenciaría, la conocida dualidad del socialismo catalán, que como su nombre compuesto indica está formado por PSC, por un lado, y PSOE, por otro. Naturaleza dual hasta tal punto que sus dos familias políticas han pasado de ser amigas a enemigas, como demuestra también la actitud un tanto hostil de algunos de sus representantes como Ernest Maragall o Monserrat Tura.

Tanto el profesor Jaime Ferri, Vicedecano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid (U.C.M), como el profesor Jaime Pastor de la UNED trataron la cuestión de la apuesta federal. Asimismo, tras ser recordado, con razón, cierto “hartazgo” que supone el conflicto entre los dos nacionalismos más opuestos y radicales, el de la derecha española, por un lado,  y el separatista excluyente por otro, cuya lectura ideológica llevó a cabo el también investigador Sebastián Zambelli, hubo bastante consenso sobre las dobles intenciones del Señor Más con motivo de esta anticipada convocatoria: enmascarar sus dos años de recortes con un discurso “mesiánico”, embaucador y falaz. El líder de CIU obviamente no ha conseguido su objetivo populista de hacer converger todas las miradas hacia él, es decir, reunir todos los catalanes y catalanas para que le siguieran a él,  puesto que la protesta ha desbordado el marco nacionalista para convertirse en “protesta atrápalo todo” o catch-all protest: protesta contra el nacionalismo español, protesta entendida como reivindicación típicamente nacionalista, protesta del electorado socialista catalán que no ha votado a su propio partido, el PSC, protesta contra la posibilidad de una consulta que ha quedado reflejada en el reforzamiento de Ciutadans y Albert Rivera, su “príncipe elector” que casi sale coronado por su defensa de la unidad de España y, sobre todo, protesta contra los recortes de un gobierno de neoliberales.