EL CAMINO HACIA LA INDEPENDENCIA

             Las elecciones del pasado 25 de noviembre han demostrado a España, y al mundo entero, que Cataluña es una nación, por lo menos en su sentido más subjetivo, es decir, desde la perspectiva del propio pueblo catalán que es, al fin y al cabo, la que cuenta, y que dice que es una  comunidad con unas características culturales propias, con una lengua en toda regla, el catalán,  y con voluntad política tenaz de convertirse en un Estado soberano, o un Estado-Nación que viene a ser lo mismo. Lo primero, la afirmación de Cataluña como nación se ha conseguido a través de esta  demostración de fuerza electoral del catalanismo.  Lo segundo, la cuestión de la autodeterminación, sigue en el aire, pues queda por saber cuál es el camino a seguir para lograr la deseada independencia, la que permitirá a Cataluña convertirse en un Estado-Nación, seguramente un República. Ésto último está por hacer, y el cauce para conseguirlo se tendrá que dibujar entre las diversas fuerzas políticas catalanas. Ésta es una de las conclusiones del 25N, más allá de los ganadores y perdedores: la transición o camino hacia la independencia tardará, y tal vez más de lo pensado y esperado por algunos, por eso habrá más de un desesperado, pero no olviden estos muchos que lo bueno siempre se hace esperar.
¿Qué pasó ayer? El pueblo de Cataluña, con una fe inquebrantable en su cultura y en su historia, tan histórica como la fe de los españoles en la iglesia de Roma, salió a la calle camino a las urnas para manifestar y, así, expresar, sin gritos ni violencia, por tanto democráticamente, que no quiere convivir con España, de lo contrario hubiese ganado el PPC, y no ha sido el caso, pues junto con Ciutadans , por más que sumen no representan casi nada, o muy poco, igual de poco que los comunistas en Estados Unidos, osea “cuatre gats”. Este grito democrático de no querer seguir junto al nacional(catolicismo) español, como de profundo enfásis en lo propio, se ha hecho, no obstante o por fortuna, de manera original, como suele pasar en los procesos electorales más democráticos: con sopresas, desengaños, y nuevas ilusiones. La originalidad se ha reflejado en la gran participación y el sorprendente pluralismo, a los que estamos ya poco acostumbrados. Más allá de la lectura democrática, encontramos, también, lectura plural del nacionalismo catalán y, por tanto, nación poco homogénea. ¿Acaso lo son las demás naciones en Europa? En mi opinión, no. En España, por ejemplo hay mucho de nacional-católico, pero también hay nación liberal, obviamente minoritaria. Si me apuran ni siquiera la nación francesa es “una e indivisible”, por eso cuando el Estado-nación ya está en pie, como seguramente lo será algún día Cataluña, se pasa directamente a hablar de pueblo, lo que es tangible, y dejar de lado la religión política, es decir, la nación. En resumen; ¿nación catalana? Sí. ¿Nacionalismo catalán? Obviamente también, pero más de UNO. ¿Significado? En mi opinión, que no se ha querido confiar el destino de Cataluña a una sóla persona, evitando así experiencias caudillistas, por desconfianza primero, y a causa de una gestión muy severa de la crisis ,que,  sí es económica, aunque requiere gestión sobre todo humana, pues somos los ciudadanos los más afectados por esta recesión.
¿Qué pasa con el camino hacia la independencia? Del mismo modo que demostramos ayer que no tod@s somos sujetos del Señor Mas, también indicamos que no hay una sóla vía hacia la independencia, ni tampoco una sóla persona destinada a liderar la transición; los mesias no existen, y los que quieren ser personajes de leyenda, acaban como el Duce o el Führer, es decir, muy mal. Lo importante, ahora, es que las diferentes formaciones políticas CATALANAS ( CIU, ERC, ICV, CUP) todas ellas nacionalistas y partidarias de una consulta sobre su devenir, puesto que PPC y Ciutadans se han convertido en partidos con un discurso “anti-sistema”, sean capaces de confluir TODOS en un solo camino, que es el camino a la independencia. ¿Cuál? ¿Cómo? ¿Cuándo? Es lo que iremos viendo estos días. La cosa se complicará porque están en juego más cosas que la independencia como los presupuestos o la relación con España todavía existente.