EL TUIT DE LA DISCORDIA

El pasado mes de mayo de 2012, François Hollande, candidato investido por el Partido socialista francés, ganaba la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas que su antigua compañera sentimental, Ségolène Royal, había perdido en el año 2007. Hollande-Royal: una pareja sentimental y política, compuesta por un hombre y una mujer que tienen en común cuatro hijos, la pasión de la política socialista, y la competición por la magistratura suprema. Un ejemplo nítido de vida privada con dimensión política, o de política con dimensión privada.

 La campaña socialista de 2012 cada vez más ubicua en las redes sociales, como se viene observando en estos últimos comicio, gira principalmente en torno a la idea del cambio, tal y como indica el eslogan del partido “el cambio inminente” (en francés: Le changement; c’est maintenant), y que se traduce también en un cambio de estrategia electoral por parte de Royal, quien, al contrario de Hollande en la campaña de 2007, decide respaldar a su ex pareja con quien incluso acaba celebrando la victoria en la mítica plaza de la Bastilla de París, aunque con presencia de la nueva compañera sentimental, Valérie Trierweiler, una conocida periodista de la revista Paris Match. ¿Es posible que la ex pareja haya puesto la causa socialista por encima de sus problemas personales? Lo cierto es que el apoyo de Royal a su antiguo compañero tiene una lectura política que ninguno de ellos esconde: ver cumplirse el deseo de presidir la Asamblea Nacional francesa, previo paso por la circunscripción electoral de La Rochelle, en la región del Poitou-Charentes que ella misma preside, y donde se presenta a pesar de un candidato desautorizado por la dirección del partido. Se trata de Olivier Falorni, conocido socialista local, que decide no retirase y que recibe un comunicado político de apoyo de la primera dama, manifestándole  su apoyo a través de un tweet o tuit, el cual se convierte en una declaración de guerra a Royal.

El presidente de la República que había apoyado la candidatura de Royal se desentiende del asunto y abandona Royal en medio de una jauría, permaneciendo en el silencio absoluto mientras el asunto acapara la opinión pública nacional e internacional. En el ciberespacio y demás medios de comunicación se habla de “tweetgate” o “Trierweilergate” para calificar aquel breve comunicado con alcance político que ha precipitado la segunda gran derrota electoral de Ségolène Royal.

¿Quién podía haberse imaginado el alcance político de dicha declaración? Este asunto, más allá de su dimensión personal de amiga-enemiga que, al fin y al cabo, ha alimentado un conflicto político poco corriente, entre izquierda oficial (Royal) e izquierda no oficial (Falorni), en unas elecciones legislativas que para Royal no eran más que un trámite para poder presidir la Asamblea, ha demostrado la importancia de twitter como nuevo medio de comunicación política. Que el tuit de Trierweiler ha conmocionado la campaña es un hecho innegable, y sobre ello se han escrito, tras los sucesos, ríos de tinta, lo que demuestra que la política “sensacionalista” cada día gusta más y se traduce en lo que los comentaristas políticos franceses llaman la “peopolisation de la politique” que refleja la dimensión frívola de la política y que no es demasiado común en la tradición republicana francesa. Lo interesante del estudio es saber si el tuit ha tenido consecuencias a nivel electoral, es decir, si se puede medir el impacto del tuit sobre los resultados electorales de la segunda vuelta, por ejemplo, a través de las encuestas previas al tuit, y ver si los franceses consideran ético que la política se ajuste a una rendición de cuentas (privadas) y que no deja de ser una valoración de la actuación de una ciudadana, Valérie Trierweiler que se ha convertido en una persona pública tal y como  expresó ella misma, a modo de excusa, tras retirar el tuit de la red: “Todavía no había realizado que ya no era una simple ciudadana”.