LA EXTREMA DERECHA DE BLAS PIÑAR

1965754[1]EL FRACASO DE LA EXTREMA DERECHA DE BLAS PIÑAR

El reciente fallecimiento  del líder ultraderechista Blas Piñar da pie a una serie de cuestionamientos sobre el posfranquismo, el nacionalcatolicismo y la extrema derecha española y europea. ¿Por qué Blas Piñar, digno representante del franquismo, fracasa políticamente mientras que el nacionalcatolicismo –que era su ideología (además del sistema autoritario de gobierno que defendía)– sigue más vivo que nunca?

Siempre he pensado que Blas Piñar era más franquista que el propio Franco y más papista que el Papa. Hombre de profundas convicciones religiosas, sin llegar a ser tradicionalista al estilo Lefebvre ni tampoco al modo del Opus Dei,  Blas Piñar era franquista no tanto por admiración hacia la figura del propio Franco, sino más bien porque admiraba el franquismo como sistema político autoritario-totalitario nacionalcatólico.  Despreciaba el parlamentarismo, la democracia, la monarquía y se consideraba, él mismo, como el digno sucesor del sistema político que había instaurado Francisco Franco en 1938. Algo crítico sobre la última etapa del franquismo –la del desarrollismo– e incluso con el propio Franco, quiso ser a toda costa la esperanza para todos aquellos nostálgicos de la dictadura. Sin embargo, curiosamente, fracasó como político y en su proyecto, a pesar de ser un gran orador y un hombre fuerte.

Blas Piñar detestaba la monarquía de Juan Carlos, a la que consideraba la culpable de todos los males españoles. Para él el Rey era un traidor porque había traído la democracia a España: la “monarquía del 18 de julio” se había convertido en una monarquía parlamentaria y eso era el problema. Culpables eran Juan Carlos y, naturalmente, todos los demás que habían aceptado la democracia de 1978. Se convirtió, pues, como un líder antisistema ultraderechista con el credo católico por encima de todo. Llenaba las plazas de toros con sus discursos en defensa de un sistema políticamente fenecido, aunque no ideológicamente: en efecto, aun en un marco democrático, la mayoría de españoles sigue siendo sociológicamente nacional-católica y es todavía sensible a esa clase de discurso. Y es éste seguramente el gran éxito del franquismo que él nunca comprendió. Franco mantuvo a España nacional-católica porque (casi) siempre lo había sido. Más aún, la hizo más nacional-católica que nunca, de modo que en democracia o bajo autoritarismo, el nacionalcatolicismo sobrevivió a Franco y eso es lo que ha quedado “atado y bien atado”.

Creo que ésta es la razón principal de su fracaso político: los españoles nunca fueron franquistas, pero sí católicos y así se mantienen hasta el día de hoy: España, a pesar de ser una democracia, continúa siendo un Estado cuya idea de nación descansa en la religión católica y su Iglesia. Naturalmente, hay otros factores que explican los fracasos de Blas Piñar, puesto que sólo consiguió ser diputado en una ocasión, pero es innegable que se mantuvo líder hasta su muerte y nadie consiguió sustituirlo porque, en honor a la verdad, era un gran orador, que convencía a ciertas personas, por lo menos en la fuerza de sus ideas. El sistema electoral proporcional –sistema de D’Hondt– fue también un obstáculo para él y su movimiento. Y, sobre todo, creo yo, el hecho de que prácticamente todos aquellos que habían servido a Franco se pasaron al bando juancarlista y se adaptaron a la evolución del mismo: de la monarquía franquista a la monarquía parlamentaria, salvo algunas excepciones como Milans del Bosch.

Sobre este último punto, entra cierta curiosidad sobre el 23-F y la “teoría del elefante blanco”. Piñar, que estuvo, creo, al margen de golpe, estaba convencido que fue el Rey quien orquestó todo aquello. Es una posibilidad que contradice la versión oficial de la historiografía española.

Respecto a Fuerza Nueva  como partido y movimiento de extrema derecha en Europa, dudo que pueda comparársele con el Frente Nacional de Le Pen, por ejemplo, sobre todo porque era un movimiento trasnochado y retrógrado; se trataba más bien de una corriente para restaurar el nacionalcatolicismo en su forma autoritaria, pero el tiempo del autoritarismo ya había pasado. Ahora el nacionalcatolicismo vive cómodamente instalado en el sistema democrático y permanece muy vivo principalmente a través del Partido Popular. Éste fue el motivo principal del fracaso político de Blas Piñar, no como líder (porque lo fue), sino como fuerza política. Fuerza Nueva nunca fue una verdadera nueva fuerza política sino un heredero del pasado sin esperanza de vida. Con su fundador muere el recuerdo de un movimiento sobre el que siempre planearán las sombras siniestras de una voluntad involucionista que pretendió –felizmente sin éxito– abortar la difícil pero imperativa transición española a la democracia.