LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA

¿HAY “DERECHA A LA DERECHA DE LA DERECHA”?

EL FUTURO DE LA EXTREMA DERECHA ESPAÑOLA TRAS LA MUERTE DE BLAS PIÑAR

 El reciente fallecimiento del líder histórico de la extrema derecha española Blas Piñar parece suscitar numerosos interrogantes, no tanto por saber si hay alguien que esté a su altura para ocupar su lugar –a decir verdad, poco relevante en la vida política española– cuanto por la aparición de Vox, un nuevo movimiento o especie de nueva voz que surge como escisión del Partido Popular y se coloca más a la derecha que la derecha representada por éste.

Es difícil que en el paisaje democrático español pueda haber una formación política más a la derecha del PP, partido que en términos de derecha aglutina desde el centro-derecha hasta las tendencias más conservadoras. Fuerza Nueva de Blas Piñar fue un partido dentro del sistema pero resueltamente contrario a éste: nunca escondió sus intenciones involucionistas. Pero fracasó como opción en las urnas y acabó convirtiéndose en un grupúsculo de nostálgicos del franquismo, algo que los politólogos llamamos “partido testimonial”.

Pero curiosamente, desaparece Blas Piñar y por los mismos días surge Vox, aunque hay que aclarar que no porque aquél haya muerto, sino por un problema interno del propio Partido Popular, es decir debido a divisiones internas que eran de prever por la gestión, entre otras cosas, de la cuestión catalana y de la de las víctimas del terrorismo. Los prohombres de Vox –Jaime Mayor Oreja, José Antonio Ortega Lara, José María Aznar y Alejo Vidal-Quadras– no tienen naturalmente nada que ver con Blas Piñar, siendo como son o católicos convencidos o liberales a ultranza. Sin embargo, es indudable que esta escisión de los populares no se debe precisamente a una voluntad de evolución hacia posiciones más izquierdistas…

En un interesante artículo del diario El País del pasado jueves 6 de febrero se planteaba el tema de la posible “derecha a la derecha de la derecha”: más xenófoba, más extremista y más en consonancia con los partidos de extrema derecha europeos (como el Front National de Marine Le Pen), con los que el mismo PP guarda, a veces (aunque no en todo), ciertos paralelismos. José Pablo Ferrándiz se pregunta si hay espacio a la derecha más allá del PP. Personalmente creo que sí, puesto que en una democracia cabe todo, siempre que sea dentro del marco del derecho. El problema está en los partidos que se valen del sistema para sabotearlo y esto vale tanto refiriéndonos a la extrema izquierda como a la extrema derecha. En lo que respecta a la derecha española, actualmente hay, por ejemplo, un partido de ámbito regional que representa ideales reñidos con la cultura democrática pero inserto en el sistema político: se trata de Plataforma per Catalunya del antiguo miembro de Fuerza Nueva y de su sucesor Frente Nacional Josep Anglada, al que se puede considerar como el Le Pen español.

La cuestión reside en saber hasta qué punto el PP sigue captando el voto reaccionario. Hasta ahora ha sido un eficaz catch-all party (“partido atrapalotodo”). Este fue seguramente el éxito de José María Aznar, que consiguió aglutinar a todas las familias políticas de la derecha –incluso a los antiguos ucedistas– menos, por supuesto, a la de Blas Piñar, el cual, en honor a la verdad, tenía un nivel político por encima del de Aznar y nunca hubiese aceptado ponerse al servicio de este. Piñar se consideraba un líder y, probablemente lo fue: carismático, con gran capacidad oratoria (aunque desperdiciada en una escasa audiencia) y con grandes expectativas (que fueron decreciendo con el paso del tiempo y a medida de los fracasos electorales). Se da la circunstancia de que algunos intentaron desbancarlo o pasarle por encima como Sáenz de Ynestrillas o José Luis Corral, pero Blas Piñar gozaba en las filas franquistas de un ascendiente que ninguno de sus émulos ha conseguido tener después. Creo no equivocarme si digo que con Blas Piñar ha muerto lo que quedaba del franquismo del 18 de julio. Ésta es la convicción de sus más fieles seguidores: “después de Blas todo ha terminado”. De hecho, todos los intentos de reconstruir la extrema derecha en torno a otros personajes en los últimos años de vida de Blas Piñar abortaron. Así pues, sus adeptos o se automarginan de la vida política, o se fragmentan en mini-partidos aún más insignificantes,  o emigran a la derecha oficial.

Sobre el presente y el futuro de la nueva formación llamada Vox El País ha interrogado a algunos expertos sobre el tema. Fernando Vallespín, historiador de las ideas, no cree que Aznar pueda dinamitar la unidad de los conservadores. Para el historiador Santos Juliá, este nuevo movimiento nada tiene que ver con la extrema derecha piñarista, cosa que ya he indicado antes.

Al considerar que a El País le faltaba interrogar sobre el tema a algún politólogo, me permití preguntarle su opinión a Ramón Cotarelo, catedrático de Ciencia Política de la UNED, el cual me respondió: “No sé si Vox romperá el PP o no. Pero sí me parece que es un intento que, a la larga, acabará cuajando; como Vox o como lo que sea. Hay mar de fondo en la derecha de la derecha y acabará saliendo por alguna parte. Tampoco creo que esta nueva derecha sea la de Blas Piñar. La derecha es muy de simbologías y la de Blas Piñar tiene poca eficacia movilizadora.»