LA LIBERTAD DE LA MUJER

El gobierno español quiere regular de manera distinta la cuestión de la interrupción voluntaria del embarazo, comúnmente llamada ley del aborto, para introducir cambios. Sí, cambios habrá, sin duda, pero la pregunta es saber si se trata realmente de una reforma, o de una contrarreforma. ¿Limita o amplía los derechos de la mujer? Porque esto es lo único que importa en una sociedad democrática avanzada cuando se debate sobre estos temas: o hay libertades o no las hay. Si no las hay, es la propia democracia la que está en entredicho.Le_deuxième_sexe[1]

Cuando el legislador introduce límites a algo que ya está permitido no significa que haya reforma, significa que hay una regresión,  una respuesta negativa a la reforma que  precede, por tanto se trata  una contrarreforma legislativa en toda regla que va en el mismo sentido de la deseada por la iglesia católica  y  de la que este gobierno conservador forma parte, porque  se da la circunstancia que estos cambios coinciden con una campaña muy violenta de la conferencia episcopal española contra el aborto, es decir, contra el derecho de la mujer a decidir sobre su embarazo. También coincide con la visita de Mariano Rajoy al Vaticano para reforzar las relaciones del Estado español con la Santa Sede, y que refleja el espíritu de nuestro gobierno: los españoles no se pueden morir sin fe, pero sí de hambre. Y, por último, todo ello coincide también con la doble condena del señor Rouco: 1) condena de  la legislación del aborto (=libertad de la mujer) 2) condena ley que reconoce el matrimonio homosexual (=igualdad). Las dos condenas se resumen con una misma idea: para esta iglesia, los homosexuales y las mujeres son  personas de segunda o tercera categoría.

Todas estas cuestiones vuelven a abrir el debate sobre la laicidad del Estado.¿Por qué? Porque el fin último del Estado laico es la no discriminación. Aquí  la  discriminada, perjudicada, afectada, y única víctima, es la mujer que se ve privada de la libertad de decidir, ya que nadie sabe, en realidad, si el feto es persona, mediopersona o persona incompleta. Inisisto: NADIE (de este mundo y que es el único mundo que cuenta).  La decisión primera y última es de la mujer, y negarlo nos reconduce directamente a la negación de los derechos de la mujer.

He escito este pequeño artìculo para solidarizarme con las mujeres porque, como decía Simone de Beauvoir, “querer ser libre es también querer que los demás los sean” (trad: se vouloir libre, c’est aussi vouloir les autres libres).

Simone de Beauvoir en una manifestación a favor de la ley del aborto
En el centro de la imagen, Simone de Beauvoir, en una manifestación a favor del aborto