LA LIBERTAD DEL HOMBRE

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La liberté guidant le peuple, Eugène Delacroix.

Ayer hablaba de la libertad de la mujer porque está siendo agredida, por lo menos en España, donde hay una voluntad tenaz y obcecada de cambiar la ley del aborto por una ley minimalista que va a limitar el derecho  de la mujer a decidir.  Este ataque deliberado, como decía en mi artículo (de opinión) precedente, viene a ser una contrarreforma, un ataque a la modernidad,  que responde tanto a las exigencias de la iglesia católica, como al propio ideario ideológico nacional-católico de nuestros gobernantes.  Unos  gobernantes que al no tener cabeza (juicio) sólo son capaces de dar guantazos y tijeretazos a la ciudadanía para así cortar y volver a cortar:  recortan bienestar y las vías de acceder al mismo (prestaciones y derechos), pero también van a por las libertades más básicas: como el derecho fundamental de la mujer a decidir. Este gobierno pasará a la historia como el (des)gobierno de(l) (re)corte totalitario. Incluso recortan conceptos, porque lo de llamar “nazi” a un manifestante es falta de cultura general, de cultura política, y falta de preparación para desempeñar funciones de responsabilidad política. Graduarse en Ciencias Políticas debería ser requisito previo para poder practicar la política, como en Francia, donde no lo dice la ley, pero si la práctica. ¿Por qué no? ¿De dónde provienen los médicos? Del registro de la propiedad, seguro que no, y por eso saben curar “los cuerpos en crisis”. ¿Qué se puede esperar de políticos aficionados?  Pues política muy poco profesional,  la que vemos, presenciamos y padecemos todos los días,  como estos  vicios del lenguaje a través de los cuales queda patente la ignorancia de nuestra clase política de derechas.  Se entiende entonces que el gremio de los intelectuales cuente con tan pocos conservadores y confirma aquella tesis  que subyace que el intelectual es casi siempre  de izquierdas (“de gauche“), el intelectual de fuste, el descrito por Beauvoir en su libro “Les Mandarins”, una novela que da pie a otra idea que quiero desarrollar hoy en relación con la libertad de la mujer, la de su contrario, la libertad del hombre. ¿Se define la libertad de la mujer por la de su contrario? Yo pienso que no, puesto que cuando algo está supeditado a una autoridad externa pierde autonomía. La libertad requiere reciprocidad, igualdad y, por tanto, paridad.

liberté homme
Libertad en masculino

 En general, se suele empezar por los hombres para dar a entender que la libertad de las mujeres está supeditada a la de los hombres. Yo he querido invertir el orden porque está claro que son las mujeres las que soportan más discriminaciones, y ser justo es hacer justicia, es decir,  empezar por los que han sido objeto de injusticia, lo que no quiere decir que los hombres no hayan sido objeto de injusticia, pero está claro que en menor medida.

Libertad en femenino
Libertad en femenino

Ayer hablaba de Simone de Beauvoir y hoy sigo con ella porque es el referente de la lucha por la libertad de la mujer, aunque también del hombre, desde mi punto de vista, ya  que su ideal de vida fue la  de “una forma de (co)existencia” (existencialismo) libre, respetuosa y en condiciones iguales con los hombres, como por ejemplo, con Jean Paul Sarte.  La convivencia al estilo existencialista demostró que hay más de una forma de convivir, contrariamente a los ignorantes que sostienen que las uniones son mera cuestión sexual y de “reproducción de la especie”. Sarte y Beauvoir convivían porque se respetaban y se protegían, de allí que Beauvoir entendió que la emancipación femenina se logra gracias a una voluntad solidaria entre hombres y mujeres.

En ello consistió, en gran parte, el espíritu de los existencialistas que no solo fue una “vida de bistró” en el Café Flore de París, sino una magnífica vida de respeto mutuo, de reciprocidad, la lucha por las ideas (trad:”le combat intellectuel”), una vida de ilusión por la cultura (El existencialismo es un humanismo) y de ilusión por la vida (trad: de “jouissance du monde”) que se convirtió en una calidad moral. Ésta, creo, era la idea de una época donde, entre esta gente civilizada, prevalecía la idea de un “bon vivre ensemble“.

Curiosamente, esta idea del “buen vivir juntos”, es la esencia de cualquier sociedad que se reivindica laica: vivir juntos más allá de nuestras diferencias de opinión sobre cómo querer orientar nuestras vida privada, nuestra sexualidad, nuestras creencias  (con o sin dioses). Los existencialistas se llevaban muy bien porque la sexualidad, por ejemplo,  era “une affaire de ménage” (privado). Asimismo, la laicidad es una forma de convivencia porque se reza en privado: es “une affaire privée”.

Hombres y mujeres están condenados ha convivir juntos, sea cual sea su forma de entender y vivir la vida, con reconocimiento pleno y mutuo de los derechos y libertades sin miedos por ambas partes. ¿Por qué cuando aparecen las mujeres en fuerza, los hombres se ponen a temblar? Parece como si volvieran los fantasmas de Lilit, Eva o Pandora: todos ellos mitos, es decir, invenciones para interpretar una realidad que hoy es otra. ¿Por qué el poder sólo puede pertenecer al “homo erectus”?

Sí es verdad que la historia del poder se ha resumido a la historia de la virilidad que creo que encaja perfectamente en aquella  ” teoría de los cobardes y cabrones” de Jean Paul Sarte (théorie des lâches et des salauds), pero ha llegado lahora de que  pasemos a la historia del reconocimiento mutuo e igual: libertad de la mujer no supeditada a los hombres, ni tampoco a credos religiosos. No permitamos  que algunos grupos de retorcid@s retrógrad@s, fanátic@s religios@s, anti-liberales e intolerantes impongan normas que no son propias de una sociedad moderna.

« Le présent n’est pas un passé en puissance, il est le moment du choix et de l’action.  » de Simone de Beauvoir. Extrait du Pour une morale de l’ambiguïté

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir
Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir