LA VICTORIA DE LA IDENTIDAD CATALANA

 Podrá no gustar a muchos, particularmente al PP (Partido Popular) pero los resultados de estas elecciones anticipadas al Parlament reflejan la voluntad del pueblo catalán de NO identificarse con España. Sea a través de una  vía “suave”, la de la progresiva separación, o la más radical del independentismo, cualquiera, salvo la del PP que es la del centralismo, expresa una  ruptura con la identidad española, y eso es una evidencia innegable que ha quedado muy bien reflejada en estos comicios.  Pero ha habido un problema: ¿cuál ha sido el problema, por lo menos para algunos? El problema es que este resultado no ha sido unívoco como muchos esperaban, me refiero a CIU (Convergencia i Unió),  pues se ha convertido, a su vez,  en un control político ciudadano respecto a sus dos años de gobierno  caracterizados por  recortes en masa y empobrecimiento de la población. Por consiguiente, son  dos las conclusiones más relevantes de este resultado, en mi opinión, y no una sola: por un lado, la voluntad cada vez más nítida de no querer identificarse con el resto de España y, por otro lado, la expresión de un malestar como resultado de  las políticas  extremadamente agresivas llevadas a cabo por este gobierno demócratacristiano y neoliberal.

Desde el punto de vista del catalanismo político, incluso del catalanismo a secas: estos resultados son sinónimo de  auténtica victoria. ¿Quién pierde entonces? CIU y PSC (Partit del socialistes de Catalunya), las principales fuerzas políticas representantes del tradicional cleavage izquierda/derecha, han perdido peso, pero los republicanos catalanes, o sea ERC (Esquerra Republicana de Catalunya), han venido a estorbar esta especie de “bipartidismo imperfecto” formal, convirtiéndose no sólo  en los auténticos representantes del independentismo, lo que siempre quisieron, sino como segunda fuerza política. Tal vez  el señor Mas no  dejara suficientemente clara su voluntad de llevar el pueblo catalán hacia la  independencia política, es decir, de dar a la nación catalana la forma de un Estado-Nación. No lo sé. Como él mismo “no es claro en nada”,  sus mensajes son igual de confusos, por tanto llenos de ambigüedad política. Lo cierto es que CIU nunca juega limpio, como la derecha en general, de modo que es lógico  que muchos catalanes desconfiaran de este partido que es, en el fondo, muy conservador. Del lado socialista, considerando la crisis que atraviesa la socialdemocracia en España, el resultado no ha sido tan malo. Claro, el ala más nacionalista del PSC, la catalanista, se ha esfumado del propio partido, pero la encontramos en el auge de ERC que, a pesar de ser, en mi opinión, un poco xenófobo y bastante etnocéntrico, pretende, por lo menos nominalmente, ser de izquierdas. Importante progresión de ICV-Verts (Iniciativa per Cat/Verts)que han hecho una magnífica campaña a favor del Estado del bienestar, espléndida en mi opinión, y que ha dado lugar a un buen resultado, demostrando así que el “socioecologismo” es una opción de izquierda con futuro. Todo ello deja muy claro que, pese a un ligero aumento reflejado tan sólo en un escaño, el nacionalismo español del Partit Popular de Catalunya, PPC (centralista, nacional-católico, neoliberal y anti-catalán) un satélite por tanto del PP español, es meramente testimonial. Camacho no ha destacado lo mucho que deseaba, a lo mejor porque el jefe  de Ciutadans que no suelta palabra en catalán, ha conseguido un excelente resultado, convirtiéndose así en la versión catalana de  Rosa Diéz. La respuesta a la pregunta que consiste en saber quién gana, es clara: gana el pueblo catalán, es la victoria del catalanismo, aunque también debe verse como la victoria de todos los partidos que consiguen representación parlamentaria, como es lógico, aunque algunos más que otros. Desde la aritmética electoral, gana CIU, pero el trofeo se lo lleva ERC.

¿Por qué, como decía al principio, este resultado es problemático para el aparentemente ganador, o sea CIU? Porque tiene doble lectura.  El significado de estas elecciones, contrariamente a lo deseado por los que las convocaron, es decir Mas y compañía, han terminado siendo, también, un control  del pueblo soberano sobre las políticas de recortes que están asfixiando a los conciudadanos catalanes más desfavorecidos. De allí la sorpresa de Artur Mas al no obtener aquélla famosa “mayoría excepcional” que le hizo soñar en convertirse en un mesías. Habrá que ver cómo se las apaña el señor Mas para poder gobernar. Seguramente mejor de lo que creemos pero, por lo menos,  ésta ha sido una buena lección de democracia representativa, por la pluralidad de partidos que obtienen representación, y también de democracia participativa como bien expresan las cuotas de participación. Entonces, ¿qué será de la transición hacia la independencia, en el fondo el gran objetivo de estas elecciones? Será, seguramente, objeto de pactos primero y, luego, de una consulta en toda regla. Lo que demuestra que la historia de un pueblo, no la escribe un único hombre como si de un caudillo se tratara, pero la escribe todo el pueblo. Eso es la democracia: pluralismo y  representación a través de múltiples formaciones políticas, aunque eso, el señor Mas, parece haberlo aprendido tan sólo HOY.