“MI SEMANA CON MARYLIN” (Película)

“Mi semana con Marylin” (traducido del título original en inglés “My week with Marylin”)

Studio_publicity_Marylin_Monroe, en dominio publico.

Para presentar a Marylin Monroe, no he encontrado mejor forma de hacerlo que plagiando al conspicuo y grandioso Laurence Olivier, el “gentleman” de la película Rebeca, que dice: <<It is my special pleasure to introduce a woman who clearly needs no introduction, a very great actress: Miss Marylin Monroe>> (Es un placer presentar a una mujer que obviamente no necesita ser presentada, una gran gran actriz: Marylin Monroe).
La película, merece ser vista y revista, también analizada, sobre todo porque sobre Marilyn se han escrito ríos de tinta, pero no lo hago como crítico de cine, que no lo soy, solo quisiera comentar algún aspecto relativo a la gran diva y el largometraje, de bastante calidad, y que trata de un momento muy breve y escueto de su vida, el que tiene lugar en Londres y no en USA, una semana o “One week” como reza el título, un momento singular compartido con un chico más joven que ella, y que la hizo aparentemente feliz, cuando es bien sabido lo muy desgraciada que fue. Pues claro, ¿Acaso a uno no le puede hacer feliz un chico o una chica más joven? Pues naturalmente que sí. De hecho, estoy convencido en que el amor se escribe en términos de diferencias y no semejanzas, de lo contrario me parece muy “petit bourgeois” (pequeñoburgués) lo de comprender la felicidad como una relación entre iguales. Quisiera detenerme en la mini-relación entre Marylin y Colin, el joven polluelo,  relación que despierta curiosidad, por lo menos la mía, ya que sale de los cánones tradicionales. Marylin era indudablemente una desgraciada en toda regla que acabó, aparentemente suicidándose. El caso es que, de nuevo, en esta película, se vuelve al tema de su desgraciada existencia: una de las mujeres más bellas y codiciadas del mundo, es torturada por un conflicto de naturaleza interna, o tal vez no, pues cada uno es libre de interpretarlo a su manera.  Marylin, en vísperas de los años 60 se va a Londres para un rodaje complicado: retrasos, esperas, es decir dificultades de todo tipo que a mi modo de entender se explican por sus problemas emocionales. Creo que dichos problemas, en la película, se transmiten bastante bien. Entonces, este joven, Colin, un asistente,  salva aparentemente la película y su vida porque en cierto modo la aleja de su malestar haciéndola feliz. No piensen en sexo, porque en la película éste está casi vetado, salvo una escena morbosa junto a un lago. El quid de la cuestión: que al verse incapaz de proseguir la relación con el joven Colin,Marylin volvió a América, y acabó como acabó, abusando de barbitúricos y destruyéndose a si misma, si no es que ya estaba rota por dentro cuando tiene lugar el rodaje de la famosa película “The Prince and the showgirl“.
En definitiva, se trata, en parte, del rodaje de una película dentro de una película. Pero la temática es el Amor. Si alguien ha tenido la fortuna de verla, no sé si se habrá preguntado lo mismo que yo: ¿Hubiese podido el joven Colin hacerla feliz? Pregunta un tanto absurda pero que cabe preguntarse cuando de temas tan kafkianos se trata, y el tema del malestar se transmite al telespectador: no sus cualidades cinematográficas sino su tormento, su desazón, su angustia, o sea su horrible mundo interior, un continente a la deriva, seguido de un momento genuino de auténtica felicidad, un pequeño rayo de sol entre tanta tormenta. ¿Pero lo fue de verdad de verdad? ¿O fue  sólo un calentamiento que se apaga con el mismo rodaje?  El caso es que el rodaje se salva, gracias a Colin, aunque a ella lamentablemente no la salvará nadie, ni Colin, ninguno de sus maridos, ni Kenndy luego, ni su conocido psiquiatra newyorkino.
NO, no la salva nadie. Y se ve perfectamente, porque el “Chagrin d’amour” es mil veces inferior a la bestial angustia que la dominaba, su malestar interior. Y no sé qué le pasaría al “Yo” de esta bella mujer que, a pesar de ser profesionalmente realizada, algunos años después, en tiempos de gloria de los hermanos Kennedy, puso fin a su vida. Según tengo entendido, todo venía de lejos, como todo lo que viene de dentro y no se resuelve, porque la síntesis que propongo consiste en decir que se trata, una vez más, de la historia de un conflicto, no político, sino interno y que encuentra respuesta en la muerte, es decir, la solución in extremis que se reduce a la expresión “no aguanto más”. La película termina con una feliz y tímida despedida, algo decepcionante. Además, Colin acaba con un tontita de turno, obviamente de su mundo y que parece tener su edad: un final escrito en clave “victoriana”.

Marylin es la crónica de la desgracia interna: tenía unos conflictos que eran dignos de un (pisco)análisis freudiano.  Nadie logró sacarla de la miseria, interna claro, ni siquiera aquél gran psiquiatra y analista, el primero que la descubrió muerta en su casa. Ni siquiera el guapo, atractivo, y poderoso John Kennedy, y es lógico, pues ¡qué ingenua sería esta mujer si creía que uno de los dos Kennedy, dos borrachos del poder y profesionales en poner los cuernos a su bellas y aburridas esposas, le abrirían el camino de la felicidad! Es de lo más incongruente, es como creer que el cuando habla mal de los demás no lo hará de ti. Aunque caer en la trampa es perfectamente humano y comprensible.
Lo fascinante, en mi opinión, es que, más allá de la película, su vida, que no fue política, acabo dependiendo de ella, es decir de los resortes del poder.  Sobre este tema hay preguntas sin respuesta, comparables a su infelicidad; pero se resumen a conflictos de poder, los Kennedy y el poder institucionalizado, o el poder oculto que representa Sinatra, su amigo, y las mafias del mundo del casino.
Como de costumbre me quedo con lo mejor: la película transmite su belleza externa y su pureza interna, una especie de virgen, pero sexy, muy sexy, hasta el punto que yo también me hubiese gustado pasar tan sólo una corta semana con ella, “One week with Marilyn”.http://www.youtube.com/watch?v=hwaR9jgiWgQ&feature=relmfu