SANTIAGO carillo

 

Carrillo
La imagen es una foto de Xabeldiz, bajo licencia Creative Commons.

Ayer, sobre esta hora, llego a mi conocimiento, a través de las redes sociales, que la señora Aguirre, Esperanza, renunciaba a la presidencia de nuestra madrileña región que , sin embargo, hizo muy suya, de su total propiedad. Hoy, hace tan sólo unos minutos, me entero también por los mismos medios, por lo que no se puede infravalorar la importancia del ciberespacio, que Santiago Carrillo ha fallecido. La diferencia entre las dos despedidas, la de Aguirre y la de Carrillo,  es que la de hoy, osea la de Santiago, es una despedida definitiva, y por tanto triste de verdad, y con eso no digo que la de ayer sea mentira. Se trata de la tristeza propia de cualquier perdida humana “mortis causam”, tristeza me imagino para la familia del fallecido y sus seres más queridos. De modo que, si ayer despertó mi atención la “despedida” de Aguirre, y decidí entonces escribir algo sobre la misma, creo que hoy la despedida de Carrillo merece mucho más. ¿ Por qué? Por la mera historicidad del personaje, porque Santiago, no el apóstol sino Carrillo, ha pasado hoy a la Historia con mayúscula.
Con Carrillo, al igual que con Fraga, vuelven imágenes de los episodios tristes de la historia contemporánea de España: la sublevación militar contra la República, la guerra civil o el “largo túnel del franquismo”. También vuelven imágenes más felices, como la transición a la democracia, y los tiempos de libertad. Al percatarme de la noticia, he ido directamente a la página web del diario El País, a propósito, porque sé que allí recibirá un trato más bien objetivo, y me he encontrado con una serie de fotos que no me han dejado indiferente: Santiago con peluca entrando clandestinamente en España durante la transición, lo que da fe que los años de la “transición” (1975-1978) no fueron tiempos de libertad, sino sólo de tránsito a lo que luego sí se podría llamar democracia. Llamativa la foto en que Blas Piñar pasa a su lado en el congreso de los diputados. En definitiva, se trata de algunos retratos de nuestra historia, casi la más feliz, la de la última etapa, los tiempos de libertad, porque sobre los anteriores, prefiero no volver. Y creo que ésta era la voluntad de Santiago Carrillo cuando le escuchaba en los medios: detenerse en la historia para que no se vuelvan a cometer los mismos errores. Del resto ya se ocupan los historiadores.
A Santiago Carrillo siempre se la achacaban aquellos hechos sucedidos en Paracuellos del Jaramar durante la contienda, hechos cuya responsabilidad se le atribuía. Y me imagino que durante las próximas horas volverá a surgir toda aquella porquería, de la que ya se ha hablado mucho, y de la que Carrillo era consciente. Tuvo ocasión, y creo que lo hizo en repetidas ocasiones, de expresarse sobre el tema, al igual que también tuvo la oportunidad, y también lo hizo, no de reparar, porque sobre ciertas cosas no se puede volver, sino de actuar de tal manera que los españoles consiguieran perdonarle, mediante pruebas. La demostración que uno es más propenso a hacer el bien se hace en este mundo, el único existente en realidad, desde mi punto de vista. Y creo que Carrillo lo demostró, con su lucha a favor de la libertad, particularmente en tiempos en que ésta era penada por la ley, porque ésto último, es decir, tipificar las libertades individuales como delitos, es uno de los mayores que se puede cometer en tiempos de paz. Carrillo era consciente de ello, y de todo lo demás, por eso dedicó gran parte de su vida a luchar a favor de la LIBERTAD, por tanto la otra España, la que nos arrebató el franquismo, entre muchas otras cosas claro.
Que descanse en paz.

La imagen es una foto de Xabeldiz, bajo licencia de Creative Commons.