STRIPTEASE POLÍTICO

ESPECTÁCULO DE TRANSPARENCIA_

La foto es de François (Coll).
La foto es de François (Coll).

El caso Cahuzac, un asunto de “fraude fiscal” que lleva el nombre de su autor (ex-ministro), algo que los españoles estamos acostumbrados a ver casi todos los días, en cambio , ha puesto a la sociedad francesa en estado de ebullición y a su presidente en estado de alarma.

Ante el escándalo político-financiero, François Hollande, Presidente  de la República francesa,  ha puesto en marcha la “operación transparencia”, un ejercicio de striptease político que  consiste en hacer público el patrimonio de los responsables políticos de máximo nivel. La pregunta es: Están los políticos obligados a hacer público el estado de su cartera?

Temida por algunos políticos, elogiada por otros, la decisión de la presidencia Hollande,  está siendo muy comentada dentro y fuera de la arena de la política, ya que plantea cuestiones muy diversas como el control de los políticos, la frontera entre lo público y lo privado ( en el caso de los políticos), los conflictos de intereses,  y la relación de la política con el dinero(plutocracia). Y, por último, vuelve a poner sobre la mesa la cuestión ético-moral de la política que Montesquieu expresaba diciendo que “La corrupción de un gobierno comienza por la de sus principios”.

La reacción de Hollande ante los hechos ha sido muy rápida, y ha demostrado también que en Francia basta con un caso para poner todo el sistema en tela de juicio. La Va República no es infalible: no es un buen momento para pasar a la VIª República deseada por la izquierda radical, y lo último que no se puede permitir Hollande en estos momentos es un escándalo al estilo Affaire Stavinsky,  aquel asunto de corrupción que golpeó la Tercera República. Tampoco quiere acabar al estilo de algunos de sus vecinos europeos,  desacreditado y deslegitimado,  como el gobierno español, por ejemplo. En twitter, hace unos días, se debatía sobre esta cuestión: Qué harían los franceses si tuvieran que soportar un caso Bárcenas o Nóos? Mi respuesta fue: “harían lo que siempre han hecho cuando quieren un cambio profundo: por lo menos, una revolución.  Que más da una , dos o tres revoluciones cuando el interés de las mismas es el resultado, es decir, el cambio político. Esta lección “se la saben de memoria” los franceses, porque es casi de bachillerato y, por tanto, forma parte de su cultura política. Aux armes citoyens! Por tanto, los políticos, en Francia, siempre bajo lupa.

Sobre la cuestión que consiste en saber si hay que inmiscuirse en los bolsillos de los políticos, el sociólogo Pierre Birnbaum es claro al respecto. El autor de La République et le cochon insiste en que lo fundamental no es saber quién tiene dinero sino “averiguar cómo actúan en la esfera político-administrativa”. Entonces la riqueza no se excluye, pero la corrupción sí.

Sobre la relación de amigo-enemigo de los socialistas con el dinero, ya nadie o casi nadie se plantea estas cosas, porque todo el mundo es consciente que aquella frase de François Mitterrand “l’argent qui corrompt et pourrit la conscience des hommes” no se la creía ni él. El reconocimiento del mercado y su reconciliación con la izquierda están más que asumidos, por más que le duela a la izquierda radical y a la derecha. Hollande no es el enemigo de los ricos como lo quieren presentar lo líderes de la derecha, pero digamos que es más estricto sobre la cuestión de la redistribución que su predecesor que desconocía esta palabra.

Y en cuanto a los conflictos de intereses, ponerse al servicio del interés general, es decir, de la comunidad, no excluye la coexistencia con otros intereses, mientras que la misión de servicio público no sirva para satisfacer intereses que le son ajenos, en mi opinión.

En conclusión, un asunto que ha hecho mucho ruido y pocas nueces, porque la sorpresa se la han llevado todos aquellos curiosos que han ido corriendo a ver la declaración patrimonio, de cada uno de los ministros, hecha pública. La sorpresa: no son tan ricos como se creía.